«Debemos prestarle más atención a lo que necesita el cuerpo en lo cotidiano de la escuela»


«Debemos prestarle más atención a lo que necesita el cuerpo en lo cotidiano de la escuela»

La Lic. Marina Marazzi, fue una de las exponentes más importantes que tuvieron las II Jornadas de Psicomotricidad que se llevaron a cabo en la Universidad Nacional de San Luis (UNSL).

La docente de la Universidad de Tres de Febrero (UNTREF) se refirió a la importancia de la psicomotricidad en el campo educativo y, a su vez, replanteó el lugar de alumnos y docentes en la institución escolar.

Como psicomotricista atiende niños en su consultorio privado. Además, supervisa el quehacer psicomotor clínico, educativo y grupal, y tiene varios artículos publicados e inéditos en su haber, como por ejemplo: El cuerpo en el tiempo, Acerca de los encuentros y las despedidas y La práctica psicomotriz en Educación.

¿En qué puede prevenir y en qué puede ayudar la psicomotricidad en el ámbito educativo?

Bueno, es algo de lo que se habló en la Jornada de Psicomotricidad. El lugar del cuerpo y el juego en la escuela y el lugar del cuerpo de los niños como también el cuerpo de los docentes. Cómo cuidar el cuerpo de los niños ofreciéndoles lugares para el juego, en estas épocas donde hay menos plazas, menos lugares públicos donde compartir y también hay más pantallas que absorben la tensión de los niños. Entonces, hay una actitud que buscamos en los adultos que es corporizante, es decir, tienen la función de poder armar cuerpo en los niños. Pero a la vez en la escuela queremos cuidar también el cuerpo de los docentes, que a veces quedan exhaustos por ese ideal de estar ilimitadamente disponibles para los niños.

¿Actualmente las escuelas cuentan con espacios para poder desarrollar sus actividades?

Depende de cada institución. En general se ha apretado un poco más la intención de acercarse a algo productivo. Entonces, las escuelas serían el último bastión para que los niños puedan jugar y conversar, y no ir hacia una sociedad de consumo donde exige que sean producto de algo. Tenemos que cuidar esos espacios que están.

En la Jornada algunas docentes se proclamaban enunciando con fuerza cómo hacemos para cuidar estos espacios de juegos y del cuerpo en la escuela. A veces, en los recreos, por temor a que alguien se lastime se van restringiendo las posibilidades de movimiento, y desde la psicomotricidad vemos que hay una alternancia necesaria entre quietud y movimiento que hace a la salud. Por tal motivo, cuando se deja al niño demasiado quieto, hay algo que bulle y por ahí sale de una manera que no es la mejor.

Entonces… ¿Cómo seguimos buscando para ver cada vez más espacios en el aula? Hablábamos de algo que se pueda armar, como ser algunos rituales donde el cuerpo entra para que la tensión pueda ir después a lo que hay que aprender. Debemos prestarle más atención a lo que necesita el cuerpo en lo cotidiano de la escuela.

¿Cuáles son las vías para replicar las acciones una vez que los niños salen de la escuela? ¿Qué rol cumple la familia y cómo se trabaja con ellos? 

Trabajamos con la familia. Yo trabajo especialmente en la clínica, o sea que vienen a consultar por niños donde hay algo del cuerpo que está demasiado quieto o demasiado inquieto y que influye en la manera de comunicarse con los otros, en la posibilidad de aprender, y en esto trabajamos con el niño y con la familia.

Creo que las escuelas y las familias tienen que ir encontrando una manera de acuerdo para trabajar en equipo. Lamentablemente no siempre pasa eso y a veces las escuelas se enojan porque las familias no hacen algo y se debe a que a veces no pueden, del mismo modo, las familias se enojan porque las escuelas no hacen algo y quizás tampoco pueden. De manera que creo que hay que seguir buscando acuerdos entre escuela y familia para cuidar el cuerpo de los niños y para cuidar los espacios de juego.

Voy a dar un ejemplo: una mamá de un nene chiquito trabajaba y tenía culpa por salir a las cinco (5) de la tarde para buscar a su niño y en la escuela pensaron cómo hacer para que el pequeño descansara un ratito en la escuela, así pudiera existir el momento de reencuentro con la mamá y no que fuera la hora de irse a dormir por estar cansado de haber hecho todo en la escuela. Las actividades de la escuela necesitaban relativizarse, él iba mañana y tarde, luego descansaba un ratito para preparar el encuentro con la mamá. En muchos jardines se puede adaptar el ritmo para lo que queremos cuidar. La escuela cumple un papel muy importante, pero las familias también.

¿Cómo debe proceder un Psicomotricista cuando se encuentra con un niño que no quiere participar de las actividades?

Bueno ese es un gran desafío. Hay que buscar las maneras de acompañarlos porque seguramente a ese niño le pasa algo.

En una de las conferencias de las jornadas se habló de un niño al que le decían «el basurero», estaba por fuera del grupo y aparentemente los padres se dedicaban a buscar objetos para reciclar. Entonces en un momento la psicomotricista le pidió a esa familia que pudiera traer tubos de PVC. Cuando el niño llevó los tubos se usó para la creación de instrumentos y esto favoreció para que la situación vaya cambiando.

Era un niño que se mostraba tan enojado y esto de que fuera en ese momento el que traía el objeto para jugar, le permitió cambiar su lugar en el grupo. Entonces se trata de ver por qué el niño se empaca, a la vez, hay ritmos de la escuela y hay que acompañar a los niños a que se puedan a acomodar a estos ritmos.

Yo trabajé en la conferencia sobre Han (Byung-Chul), un filósofo coreano-alemán, que habla de la lógica de lo liso en esta época, el me gusta, que no deja lugar al conflicto, y en realidad la sabiduría está hecha de atravesar conflictos también. Entonces, si un niño no quiere, hay una posibilidad de aprender algo tanto él como los otros.